Gestión universitaria y escenarios futuros: acciones frente a la incertidumbre

Por Luis David Prieto Martínez

Vicerrector académico de la Pontificia Universidad Javeriana

¿Cómo se ha visto interpelada la gestión universitaria por la incertidumbre que ha traído el contexto de la pandemia?

Es importante tener presente que nadie estaba preparado para abordar una situación de la magnitud y profundidad como la que ha traído la pandemia. A todos los estamentos de la universidad, pero especialmente al equipo directivo, se le ha exigido estar en capacidad de no perder la visión de conjunto, tanto de la situación como de los procesos institucionales; además de responder en tiempos muy breves con acciones efectivas, que ha tenido que saber comunicar a estudiantes, profesores y personal administrativo. Cuando se mezclan todos estos elementos, salen a flote tres aspectos que, desde mi punto de vista, dan norte a la gestión universitaria en este momento.

En primer lugar, ordenar, focalizar y articular esfuerzos que fortalezcan la capacidad de adaptación institucional a un entorno dinámico y cargado de altísimos niveles de incertidumbre. Todo cambia, por lo menos en el contexto colombiano, de un día para otro. Lo definido con mucho cuidado y atención un lunes deja de ser vigente el miércoles. Frente a este escenario, lo primero que debe tenerse en cuenta es que no hay posibilidad de quedarse inmóvil, por lo que es necesario generar posibles escenarios para moverse con cierta flexibilidad y, sobre todo, con la claridad de que debe privilegiarse la continuidad de los proyectos de formación profesional y disciplinar de nuestros estudiantes, utilizando en forma creativa y novedosa diversos modos de enseñanza.

Es también muy importante que, en estos marcos de acción flexible, quepa ampliamente poner a disposición de la sociedad el inmenso patrimonio científico e investigativo que tenemos en nuestras universidades, para apoyar a los gobiernos en la atención de problemas prioritarios; por ejemplo, el desarrollo de pruebas de detección de covid-19, la generación de respiradores artificiales y la comprensión profunda de las complejas dinámicas epidemiológicas que acompañaban la pandemia. Si pudiera expresar todo lo anterior en una convicción que me ha acompañado estos meses, diría que el mayor o menor éxito de ejercer con destreza esta capacidad de adaptación ha dependido, en gran medida, de las fortalezas institucionales que las universidades hemos construido a lo largo de muchos años. Es decir, esta capacidad de adaptación no sale de la nada, de hecho, nadie puede dar de lo que no tiene.

Otro elemento importante, asociado a esta capacidad de adaptación, es que se pone a prueba la habilidad de cambiar completamente la lógica de la planeación universitaria que, en condiciones normales, privilegia el análisis sesudo y riguroso del entorno para definir ejes de acción. Aquí tuvimos que obrar exactamente en la dirección contraria, es decir, avanzar en el desarrollo de acciones inmediatas e ir construyendo paso a paso las certezas que, en su conjunto, permitieran armar un marco de acción integral e integrador. Es decir, pasamos de los esfuerzos para dar continuidad a las actividades académicas, a la construcción de horizontes de transformación institucional.

El segundo elemento que se puso a prueba fue la capacidad de fortalecer los vínculos de confianza entre el gobierno general de las universidades y los miembros de la comunidad educativa, esto es, profesores, estudiantes y personal administrativo. En este sentido, lo que se nos ha exigido a los directivos universitarios es una toma de decisiones y un obrar coherente y consecuente con los principios y valores que declaramos en nuestros proyectos educativos. Entre ellos destaco tres fundamentalmente:

  • El cuidado de las personas, es decir, una toma de decisiones que minimice la exposición de los miembros de la comunidad educativa a los riesgos de contagio; asimismo, volcarse en servicios y actividades que den cuenta de la preocupación por la salud física y emocional de cada uno de ellos. En nuestro caso, llevamos a lo virtual todos los servicios de bienestar universitario en tiempos muy cortos y se multiplicaron esfuerzos para llegar a poblaciones estudiantiles rezagadas. Esto marcó diferencia.
  • La solidaridad para fortalecer vínculos de confianza, lo que se expresa en la capacidad de tejer redes de comunicación y contacto entre todos los integrantes de la comunidad educativa que demuestren el interés genuino por el otro, y para que nadie se quede atrás en el desarrollo de sus funciones. En este sentido, robustecimos las redes entre estudiantes y profesores, pues hay detalles que marcan diferencia: una llamada en el momento oportuno para saber cómo está la persona; dar cuenta de que nadie está solo, es un mensaje muy importante.
  • La construcción de confianza se fortalece también con el trabajo conjunto, con el que se generan espacios de articulación entre el gobierno general de la institución y las facultades, incluso para una toma de decisiones participativa.

Unido a la capacidad de adaptación y al fortalecimiento de vínculos de confianza, hay otro elemento que se ha puesto a prueba en la gestión universitaria. Se trata de la generación de condiciones y posibilidades de entorno para fortalecer la capacidad de aprendizaje institucional. Esto implica contar con un sistema de seguimiento que vaya dando cuenta del impacto de las decisiones adoptadas y la forma como pueden sistematizarse los resultados obtenidos, a fin de obrar los cambios inmediatos que se necesiten y generar una base de conocimiento que facilite la toma de decisiones en condiciones tan especiales como las que estamos afrontando. En nuestro caso, fue muy importante construir este sistema de seguimiento y sistematización con apoyo de las facultades, es decir, desde las propias culturas académicas, evitando generar mecanismos de unificación. Para concluir, la creatividad, la innovación y una intensa cuota de trabajo duro están en la base de cualquier proceso de adaptación, generación de confianza y aprendizaje institucional.

 

¿Qué acciones se han implementado en las universidades frente a desafíos de la planeación estratégica, el acceso de los estudiantes, la oferta académica, entre otros? 

En el caso de la Pontificia Universidad Javeriana, tomamos la decisión de definir y desplegar un marco de acción a corto plazo, que contempla tres momentos específicos: la continuidad de las actividades académicas de docencia con apoyo de herramientas tecnológicas; el regreso gradual, progresivo y seguro a la presencialidad; y la transformación institucional, pues queremos atesorar todos los aprendizajes obtenidos para formalizar en la Javeriana un ecosistema de aprendizaje.

Estas tres etapas se desarrollan a través de cinco ejes transversales: continuidad de las actividades académicas de docencia, de acuerdo con la especificidad de cada asignatura; fortalecimiento tecnológico; articulación con y entre el equipo directivo; acompañamiento integral a estudiantes y también a profesores. Respecto a estos últimos, logramos desplegar —una semana antes de que se decretara la medida de aislamiento preventivo obligatorio— un conjunto de acciones orientadas a cumplir tres objetivos inmediatos:

  • Apoyar con varias orientaciones la definición de mecanismos de comunicación efectiva entre profesores y estudiantes, para que pudieran ponerse de acuerdo en el uso de la plataforma, y garantizar que las clases se desarrollaran en los días y horas previstos. Esto fue muy importante, porque permitió construir un marco de desarrollo que brindó seguridad a los protagonistas de los procesos de aprendizaje y enseñanza.
  • También hubo un trabajo muy intenso de apoyo y acompañamiento a profesores, para transformar sus prácticas pedagógicas y adaptarlas al nuevo entorno sustentado en plataformas tecnológicas. Se desarrollaron más de 50 seminarios sincrónicos, a través de los cuales se formaron 2400 profesores; asimismo, se habilitaron canales de atención a través de email, WhatsApp y extensiones telefónicas. En otras palabras, nos volcamos con todas las posibilidades a acompañar, técnica y pedagógicamente, a nuestros profesores, para transformar cerca de 11 000 clases a los nuevos ambientes de enseñanza, aprendizaje y evaluación. Toda esta experiencia quedó atesorada en dos portales (uno para estudiantes y otro para profesores) con guías, tutoriales y videos que, posteriormente, compartimos con otras instituciones de educación superior en Colombia. Destaco también que, en el acompañamiento a estudiantes, la universidad hizo un esfuerzo enorme, patrocinando a cerca de 750 estudiantes con equipos de cómputo y acceso a internet, de tal manera que no se quedaran rezagados en el desarrollo de sus procesos formativos.
  • Asimismo, se llevaron al ámbito virtual la mayor parte de los servicios de bienestar universitario, lo que permitió desplegar acciones para el cuidado de la salud física y emocional de estudiantes, profesores y personal administrativo. Este acompañamiento integral nos ha posibilitado disminuir, hasta donde es posible, la cifra de deserción. Sin embargo, tenemos claro que el mayor desafío que enfrentaremos en la pospandemia —si es que este concepto puede acuñarse— es el velar por la salud mental de los integrantes de la comunidad educativa, especialmente, de nuestros estudiantes.

Con respecto a otro de los ejes, el de continuidad de las actividades académicas de docencia según la especificidad de cada asignatura, se dieron orientaciones específicas considerando la tipología y naturaleza de los cursos conforme a la clasificación establecida en el catálogo de asignaturas. A través de encuentros y diálogos con cada uno de los decanos, se analizaron los casos particulares en cada facultad, y se determinaron aquellas actividades de docencia que continuarían con apoyo de herramientas tecnológicas y cuáles se suspenderían, por cuanto no es posible desarrollarlas en las plataformas digitales. Esto fue fundamental para afectar de la menor manera posible los resultados de aprendizaje esperados en cada asignatura. Aquellas que se pospusieron, han venido desarrollándose paulatinamente, una vez las condiciones epidemiológicas fueron más favorables y el Gobierno distrital nos lo permitió.

En términos de fortalecimiento tecnológico —otro de los ejes de este marco de acción—, es importante mencionar que la Javeriana contaba con una excelente infraestructura tecnológica que fue madurándose a lo largo del tiempo, gracias al modelo de educación virtual que se implementó y que, antes de la pandemia, nos facilitó contar con varios programas desarrollados completamente en esa modalidad. Por tanto, no fue muy exigente anticipar algunas necesidades específicas en materia de ampliación de ancho de banda, mayor número de licencias learning management system con que contamos, y la ampliación del acceso a recursos bibliográficos en formato digital. Todo este esfuerzo de fortalecimiento tecnológico estuvo acompañado de un proceso de apropiación de cultura digital entre nuestros profesores, que está orientado a aprovechar de la mejor manera las potencialidades de las plataformas digitales y los instrumentos para generar contenidos en este nuevo dominio tecnológico.

Finalmente, un eje estratégico de vital importancia ha sido la articulación con y entre el equipo directivo, que ha implicado invertir muchísimo tiempo para dialogar y construir conjuntamente estas opciones de gestión universitaria. Considero que esto ha sido esencial para generar confianza y, sobre todo, asumir integralmente todas las implicaciones que tiene un fenómeno tan complejo como la continuidad académica en tiempos de una pandemia.

Destaco que en la otra etapa: la de regreso gradual, progresivo y seguro al campus de la universidad, se ha hecho un esfuerzo significativo para la definición e implementación de los más estrictos protocolos de bioseguridad. Factor determinante para fortalecer la confianza para salir del confinamiento e ir regresando a una nueva normalidad.

No sobra mencionar que todo este despliegue estratégico ha estado acompañado de un sistema de seguimiento y sistematización de logros, resultados, aprendizajes y oportunidades de mejoramiento. Sistema que ha implicado mecanismos de consulta directa con estudiantes, profesores y personal administrativo, y la sistematización, a partir de cada facultad, de los principales aspectos relacionados con la forma en que las diferentes comunidades académicas han construido e implementado opciones de acción específicas.

En el contexto actual y de pospandemia, se están percibiendo tendencias que pueden alterar profundamente el escenario universitario tal como lo conocemos, y que, además, enfrentan a las ies a importantes retos para adaptarse a esas nuevas situaciones y cambios. Desde su experiencia, ¿qué escenarios futuros visibilizan para pensar la gestión universitaria?

La pandemia ha sido un catalizador de cambios en los procesos universitarios, no solamente en el ámbito de transformación digital, sino en la aceleración de tendencias que ya estaban en marcha antes de la covid-19. Es muy claro que las universidades no vamos a ser las mismas después de todo lo que hemos afrontado, y la sociedad también tendrá una apreciación diferente de nuestro rol, ya que recobramos la importancia de la educación superior para atender la profunda crisis socioambiental en la que nos encontramos inmersos. Quiero dar contenido a esta afirmación resaltando tres cambios que, por su dimensión e impacto, transformarán a las instituciones de educación superior en el corto y mediano plazo, y por tanto, a la gestión universitaria.

En primer lugar, considero que se fortalece el valor social de la universidad, que ahora más que nunca debe ser faro, para poner a su entorno en modo de reactivación humana, social y económica. Es evidente que la pandemia generó una mayor apreciación social de la ciencia. En tiempos de la covid-19, los laboratorios, los centros de investigación, los profesionales de las áreas de la salud, las ciencias humanas, entre otras han reforzado el papel de la academia como foco de creación, conexión y divulgación del conocimiento. Sin duda, una de las lecciones que nos ha dejado la crisis está relacionada con la producción científica, a la que nos hemos visto abocados en los escenarios de investigación en todo el mundo, y esto nos invita a repensarnos como un sistema de ciencia abierta, en el que el conocimiento permee y transforme positivamente todos los estamentos de la sociedad y el entorno en el que vivimos.

En segundo lugar, tendremos que dar continuidad y profundizar en las transformaciones educativas, de modo que se promueva la generación de ecosistemas de enseñanza en los que los estudiantes y el aprendizaje estén en el centro de las opciones universitarias. Esto implica que las ies nos transformemos en entornos dinámicos e innovadores en los que se relacionen los diversos protagonistas del aprendizaje, a través de diversas experiencias transformadoras, en variados ambientes (físicos, digitales, híbridos) y con formas pedagógicas y apuestas didácticas orientadas a la formación integral, no solo a la cualificación para profesiones u oficios. Es decir, entornos y procesos que ofrezcan un aprendizaje significativo en el que se conecten: el saber y el actuar; el conocimiento y el servicio; lo académico y lo afectivo; y lo instrumental y lo trascendente.

Ciertamente, el gran reto que se nos propone en esta concepción amplia de los ecosistemas de aprendizaje es pensar en una oferta académica caracterizada por una mayor flexibilidad, que garantice al estudiante una experiencia de vida que atienda a sus intereses, sus pasiones y, sobre todo, sus expectativas. Por tanto, la riqueza académica de nuestras instituciones estará cada vez más unida a la oportunidad de contar con diversas rutas de aprendizaje, que dialoguen también con el mundo de las certificaciones, las insignias digitales, y que permitan periodos formativos dentro de la institución, fuera de ella, nacional e internacionalmente.

Creo también que esta formación deberá desarrollarse a lo largo de la vida, posiblemente en ciclos cortos, a los que se acceda con mayor frecuencia, y que permitan muy rápidamente la adquisición de competencias que faciliten su cualificación para el desempeño de profesiones u oficios que, como sabemos se descomponen, se reintermedian y se transforman dinámicamente. Esto conlleva retos importantes en la articulación entre la educación formal y la educación continua, y llevaría a la práctica el concepto de una universidad para todas las generaciones, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.

Como consecuencia de las dos características anteriores, surge una tercera: la posibilidad de que esa formación pueda ser impartida y recibida prácticamente en cualquier lugar y en momentos diversos del desarrollo de la vida. Esto comprende un inmenso desafío, que es garantizar una formación integral que posibilite un desarrollo armónico de todas las dimensiones del ser humano y no solo aquellas cognitivas o útiles para una profesión u oficio a través de las tic. Una posible respuesta está en el fortalecimiento de los mecanismos de acompañamiento y bienestar universitario, que se expresan de manera innovadora en el mundo de lo global y lo digital.

Unido a estos retos de constitución de sistemas de ciencia abierta y de ecosistemas de aprendizaje, hay un tercer rasgo en el que debemos profundizar. Se trata de la transformación del relacionamiento de la universidad con el contexto, que debe posibilitar el desarrollo de más diálogos con otras partes sociales y generar alianzas que aumenten nuestro valor social, a través de una oferta académica pensada cada vez más a partir del trabajo inter y transdisciplinario, y con la opción de hacer rendición de cuentas teniendo en cuenta la incidencia del trabajo académico en la solución de problemáticas y el liderazgo de la universidad.

Todo esto nos lleva a un escenario con una gestión universitaria fortalecida con sistemas de información que permitan la toma de decisiones informadas y en ventanas de tiempo muy cortas, y ofrezcan la posibilidad de responder con acciones efectivas. Asimismo, con canales de comunicación activos que faciliten informar constantemente sobre las decisiones adoptadas y las políticas a implementar en las diferentes etapas de la pospandemia.