¿Qué ganamos y perdimos en el confinamiento? Nuevos contextos de la docencia universitaria

Por Susan Francis Salazar

Vicerrectora de docencia de la Universidad de Costa Rica

En el marco de la crisis consecuencia de la pandemia por el COVID-19, toda la estructura organizacional de la Universidad de Costa Rica (ucr) abordó una serie de decisiones y acciones enfocadas en lograr la permanencia del estudiantado y evitar su deserción en el proceso formativo. A continuación, se presentan las ideas principales que sintetizan la experiencia a partir del 6 de marzo, día en que se reportó el primer caso en Costa Rica. 

De acuerdo con lo que se ha vivido en el confinamiento, ¿cómo han afrontado desafíos como la deserción, las brechas digitales, entre otros, a partir de las estrategias de acompañamiento a profesores y estudiantes diseñadas por la universidad?

Se puede decir que la ucr vivió dos fases: la primera se dio con el llamado al confinamiento, que generó un conjunto de reacciones por parte de la administración que urgieron a la comunidad académica a trasladarse a los espacios virtuales sin el tiempo requerido y prudencial para abordar la actualización docente, y la preparación de la infraestructura pertinente para atender a toda su población estudiantil. Si bien la UCR cuenta con una experiencia de más de 15 años en mediación de entornos educativos con virtualidad, su enfoque se proyectaba para una flexibilización curricular, no como una propuesta de “universidad virtual” o “universidad a distancia”, de modo que su infraestructura informática estaba planificada para atender el 50 % de los cursos y no la totalidad. Dado lo anterior, la fase inicial debió retomar las indicaciones brindadas para establecer un periodo de preparación no solo en términos de actualización docente, sino, además, de los entornos y recursos requeridos. Durante ese momento, también la administración universitaria impulsó la distribución de tabletas para estudiantes becados, negoció con la compañía estatal de telecomunicaciones el no cobro del internet en el dominio ucr.ac.cr, y fortaleció la plataforma para poder atender un poco más de la población estudiantil de forma consecuente.

La segunda fase se dio a mediados de mayo, con un cambio de administración universitaria. Inicialmente, esta se concentró en un proceso de sistematización de la experiencia de las carreras, a partir de las voces de directivos, docentes y estudiantes. De esta manera, se generaron varios insumos: el perfilado de acceso y conectividad de la población docente y estudiantil; se amplió la distribución de tabletas y tarjetas chip para el acceso a internet; se valoraron las experiencias formativas; se identificaron las buenas prácticas y las situaciones críticas asociadas a problemas de acceso, niveles de estrés y salud mental de la comunidad, y problemas de naturaleza didáctica; entre otros. Así, se generó un conjunto de lecciones aprendidas que fueron socializadas con la comunidad docente, para que sirvieran de referentes y pudieran aplicarse en sus dinámicas formativas; de igual manera, se reformuló la noción capacitación docente, para generar un modelo de acompañamiento en el que se integraron todas las instancias que se ocupan y desarrollan procesos de formación docente universitaria y colectivos docentes formados en algunas facultades, con el objetivo de generar procesos de autogestión formativa.

Asimismo, se identificaron las buenas prácticas y se socializaron con el apoyo de las redes de cooperación estudiantil, que lograron reconocer las áreas que requerían fortalecimiento en las clases o un mejoramiento en el acompañamiento docente. De este modo, las voces docentes y las estudiantiles se convirtieron en la base para las acciones de acompañamiento, y para fortalecer las capacidades para el diseño y la mediación en entornos virtuales.

 

Para mantener la calidad académica en este tiempo de confinamiento, ¿qué balance pueden hacer las universidades sobre lo que se ha ganado y perdido en el marco de los nuevos contextos de lo presencial, lo remoto o lo virtual?

Tal vez la dimensión más importante que generó la crisis en la ucr es aquella relacionada con la conversión digital, pues develó la articulación de las diversas instancias de la universidad en procura de su principal objetivo: fortalecer la permanencia estudiantil en medio de la coyuntura. Así las cosas, las disposiciones normativas se convirtieron en herramientas para la toma de decisiones y para orientar la acción académica, en la que se destacaron como ejes la flexibilización, la colaboración y la proximidad. Ello generó procesos y acciones para flexibilizar los requisitos de matrícula; transformaciones de cursos prácticos para poder lograr su desarrollo mediante la distribución de materiales; y cierres temporales de cursos con miras a ser finalizados durante el 2021, sin que ello afecte los promedios y las becas de los estudiantes; la proximidad con el estudiantado a través de la apertura de comunicaciones por Telegram; la colaboración con la difusión de infografías con información clave para el desarrollo de cursos; y la difusión de buenas prácticas como modelos de referencia. En síntesis, creo que ganamos en términos de atender pedagógicamente los espacios universitarios, y recuperamos la esencia del proceso formativo centrado en el estudiantado como motor de las decisiones pedagógicas. De pronto, lo que pudimos haber perdido es la noción de certeza como principio de la práctica académica.

 

Esta crisis puede ser una oportunidad para replantear los modelos de educación. ¿Por qué se hacen necesarios nuevos modelos educativos y cuáles son algunas de las innovaciones que se están llevando a cabo en esa dirección?

La pandemia agudizó las fracturas de los modelos educativos tradicionales, y en su lugar puso en clara perspectiva la necesidad de generar cambios y giros en la mediación pedagógica. Así, la empatía generada en medio de los temores que gestó el aislamiento en docentes y estudiantes logró profundizar la reflexión pedagógica del personal docente, respecto a la consideración de la otredad como base de la relación educativa, y alejó el contenido como único motor. La necesidad de buscar alternativas para que el estudiantado pudiera aprender provocó nuevas comprensiones de lo que ocurre cuando educamos.

Desde el 2014, la ucr desarrolló el proyecto Multiversa, en el cual se propuso como categoría la noción arquitectura pedagógica, para implementar espacios para aprender, que propicien la formación. Al igual que la arquitectura busca diseñar espacios a partir del arte para lograr el mayor disfrute del espacio, conjuntarle la noción pedagógica permite proyectar el diseño de un espacio con intención formativa, ajustado para vivir y lograr aprendizajes significativos, espacios de interacción más orientados por la indagación y la investigación, en los que se aprovechen los criterios expertos del personal docente como orientaciones inéditas para una interpretación crítica de la información. Pero, tal vez, la mayor ventaja es el hecho de que convierte el espacio educativo en un espacio humano, que atiende la corporeidad y estimula la convivencia para reducir los problemas de salud mental y física, un espacio en el que se equilibran las actividades y los descansos.